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Furia inclasificada
Cuando era pequeño recibió de manos de su padre el hermoso regalo de un rastrillo playero de mango de plástico transparente con un pececillo de colores dentro en un receptáculo con agua. No podía imaginarse, no cabía en sí de gozo, con que tamaña belleza de objeto aniinanimado fuese posible y, claro está, la explicación a tan sofisticada cosa no era sino la condena del animalito a dejar de hacer burbujas en muy escaso tiempo.
Así que tentado estuvo de dejar vivito y coleando al animalito en el agua, sino fuera por su natural tendencia a anteponer el gozo personal al sacrificio del Reino de Dios en general. El rastrillo era bello y... ¿ qué más daba que el pececito se moviese o no?. Después de todo no era más que un pequeño y triste pez así que la cosa no tenía mayor importancia, pudiera decirse. Con el tiempo ese niño adoptó la postura de dejar de moverse él mismo con tal de parecer muerto a la propia muerte, en la práctica colear en muchas direcciones distintas a la vez, sólo que la hijaputa es lista de cojones ( ha tenido su tiempo para formarse en su oficio) y no se la engaña con tanta felicidad. Y llegó el momento en el que el niño pasó a hombre. Y de hombre a mayor hombre, que palabras mayores son. Y el niño sacrificó todo lo sacrificable con tal de perpetuar su inmovilidad. Finalmente llegó un momento en el que se halló a sí mismo dentro de una bella pecera de ensoñaciones. Donde todo era proyecto de perfección y arte del esquivo. Donde todo se contemplaba incluso en pretérito reticente. Pero nada se pagaba. Donde se consideraba el arte como un perpétuo deseo no materializado porque cualquier intento de llevarlo a cabo le reconducía de inmedianto al abandono en pos de la seguridad del sueño ya realmente acabado. En donde el sueño final coincidió con el último de los sueños soñables. Que no era otro que el de la propia vida. Pero incluso las burbujas mermaron y ya no se sentía con fuerzas de intentar salir al mar. Al vasto océano en donde al menos todos tienen el derecho a llegar tras algún atisbo de coletazo. Pobre imbécil!. |
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