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Sociedad | Medio ambiente
YO, primera persona del plural, me dirijo a vosotros.
He creado la Tierra que os envuelve y a vosotros para habitarla. A la Tierra le di las armas de la Naturaleza y al Hombre el libre albedrío. El mandato era cuidaros mutuamente. Pero vosotros, Hijos míos, habéis roto el pacto con la Naturaleza que me representa. Y ahora debo actuar como árbitro entre ambos. Deben purgarse las culpas del culpable sin más demora. Para ello, comenzaré aplicando las Nueve Bienaventuranzas. Habéis hecho del Planeta un lugar inhóspito e inhabitable. La injusticia se ha instalado en el Mundo que he creado y he dado permiso al Planeta para defenderse de vosotros. Sin embargo, como sé que la Guerra será cruenta, me llevaré primero, como me estoy llevando, a los Bienaventurados: los pobres, los pacíficos, los misericordiosos, los mansos, los que tienen hambre y sed de justicia, los que lloran, los puros de corazón. Para ser Justo os dejaré vivir a todos los demás, para que podáis levantaros en armas contra la Naturaleza y contra mi Ley, a las que tanto habéis dañado. Con ello respeto vuestro libre albedrío para luchar, y a la vez os castigo siendo testigos de las consecuencias de vuestros actos. La Naturaleza os ha declarado la Guerra. Os permito luchar y morir, pequeños hombres injustos. A partir de este momento todo está Justificado. Permitidme deciros, sin querer por ello hacer mella en vuestro ánimo, que estáis en desventaja de antemano, a causa de algo que con el paso de los siglos habéis aplicado hasta el extremo: el antropomorfismo. Me gustaba mirar desde lo Alto cómo el Gótico diseñaba sus iglesias y catedrales para acercarse a mí, con esos pináculos eternos, espigados como el bebé que se estira para llegar a la cintura de su madre. Me enternecía el guiño de esos hombres pasados, que construyendo iglesias y no rascacielos, me insinuaban que intentaban llevar su fe lo más cerca posible de mis pies, no su dinero lo más cerca posible de mi garganta. Sin embargo, al contrario de lo que pensáis, todo lo relativo al Renacimiento acabará suponiendo vuestra extinción. Porque con él llevais las cosas y las ideas a la medida del Hombre y os olvidáis de lo que está a vuestro alrededor y sobre vuestras cabezas. Ese fue el principio de vuestro fin. Sé que no entendéis lo que digo, por ello os pondré un ejemplo de vuestro tiempo. Se han creado organizaciones de ámbito planetario como la ONU, llamadas a ser puente de concordia entre los Hombres y entre éstos y el Planeta donde habitan, pero que se ha convertido, por mor de su debilidad en decidir, en solución desactivada para los asuntos que más actividad requieren. Esa Organización, que debería velar por el ser humano en todos sus aspectos, está manchada de sangre al permitir que sigan ejerciendo su tiranía dictadores, filodictadores y demodictadores. Esa ONU, centro de las plegarias de muchos desposeídos, no es más que una pose de fariseos. Todos serán castigados con la misma piedad que mostraron por quienes murieron a causa de su decisiva inactividad. Vosotros, Hombres, tenéis Voz pero sois mudos. Al igual que los árboles no dejan ver el bosque, las voces amontonadas no encuentran oídos que las puedan escuchar. Desde aquí percibo el murmullo de vuestras palabras como un enjambre de abejas desorganizadas. Cuando la Razón escapa de alguna de vuestras bocas, la Sinrazón del enjambre la fagocita y la calla, cual moneda de la suerte mezclada en el cofre del avaro. En cuanto a la Batalla habéis de saber que seré árbitro y testigo, pero no juez y parte. Yo os juzgaré a todos y cada uno cuando llegue el momento, más allá de esta Guerra que la Tierra os ha declarado. Las armas sobre la mesa y atended porque la palabra es esa que os dije antes, antropomorfismo. En vuestra soberbia habéis llegado a ser ridículos pensando que la vida del Planeta está en firmar unos Kyotos u otros. La situación es esta: el pulmón mata al fumador, el azúcar al diabético y el hígado al bebedor. Y no importan los papeles que se firmen para no morir. El efecto sigue a la causa. Habéis maltratado al Planeta de tal forma que a éste ya no le queda más remedio que reaccionar espantándose las moscas. El antropomorfismo os llevó a creer que el Planeta estaba en peligro por vuestra culpa, que sois el centro de todas las circunferencias. Sabed desde este momento que cuando el Mundo está en peligro no espera a que el mal amenazante rectifique, sino que es el Mundo el que rectifica al mal amenazante. Os hablaré de las armas, que es donde está el interés de la Batalla y lo que os hará entender vuestro lugar en ella. La Tierra carece de toda arma tecnológica, pero cualquiera de las armas que posee puede eliminar a todos los enemigos que la habitan. El hombre ha conseguido crear armas de alta tecnología capaces de destruir armas de igual o inferior rango. En definitiva, lo que el hombre ha buscado ha sido siempre luchar contra sí mismo y crear armas siempre a su medida, antropomórficas. Nada más. Fe de armas: La Tierra: Agua, Fuego, Aire, Terremotos, Tsunamis, Frío, Calor, Corrimientos, Mareas, Especies animales. Ser Humano: Balística, Física, Química, Radiación, Armas nucleares, Ingenio. El Planeta solo tiene que utilizar una de sus armas para acabar con todo resto de Vida. Por tanto, es posible que seáis una amenaza, pero nunca seréis un verdadero peligro para el Mundo, porque habéis hecho el podio a vuestra medida, pero vuestra medida es virtualmente insignificante. Ahora, hombres poderosos, disparadle al Viento. Combatid el Fuego con el fuego. Frenad a los Tornados con el paraguas de vuestra hipocresía. Calentad el Frío con vuestra ignominia. Enfriad el Calor con vuestra sangre fría. Atad al Sufrimiento con cláusulas y pólizas. Comed y Bebed Terremotos y Tormentas. Dormid en la mansión de la intemperie. Adiestrad a la Tierra para que no se rebele. Castigad al Cielo cuando Llore. Sobornad, amenazad y luego suplicad al Mundo... para que no os mate. Juré a Noé (Génesis 8:21), después del Arca, que no maldeciría de nuevo a la Tierra por causa del corazón rebelde de los hombres. El Pacto no queda roto, porque en esta Batalla, soy mero Testigo de una Tierra que se defiende del maltrato que se le ha inferido. No soy Yo Quien os castiga, sino Quien os observa recoger los frutos de vuestra mala siembra. Y ahora, Hombres, sabed ya cual era el Secreto: la Tercera Guerra Mundial no era otra Guerra entre semejantes. Era Vuestra Guerra contra el Mundo. Hijos míos, preparad vuestras almas, afilad vuestras plegarias, aprended de la Lección. Y si no sabéis nadar, poneos los manguitos de guerra. La Batalla... ha comenzado. PD: Hola a todos los miembros y miembras. Lo que he escrito es solo una opinión, dicha a mi manera, ya me conocéis. Tinta sobre papel. Pero tenía que decirlo para que contemplárais esta perspectiva. Que nadie se moleste en asustarse porque, además, daría lo mismo. El miedo jamás mudó lo inevitable. Un saludo sincero. Sed buenos... Próximo Capítulo: "El Contraataque o las plagas del mordisquito" Escuchando: Let me Sign (Vitamin String Quartet) "Así son las cosas si así te parecen" |
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