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Furia inclasificada | Política
Querido Estado:
He estado pensando sobre lo que me escribiste la última vez. Te dije que estaba en esa encrucijada de caminos en la que uno no sabe con qué quedarse. Tengo treinta y tres años y es hora de decidir. Te escribo para decirte que ya he pensado la respuesta. Me quedo contigo, si puedo elegir. Estoy aquí plantado delante de los carteles: izquierda contigo, derecha sin tí. Sé que nada es gratuito y quiero hacer méritos. Al final de esta carta te daré un techo que aún no has vislumbrado y espero que me sirva de pasaporte para entrar en los salones de las decisiones más inveteradas, a resguardo del polvo y la paja de lo mundano. No abundan las personas como yo y por eso no puedes ponerme de sargento chusquero o de capitán de jardines. Mi silencio vale su peso en astillas. En cuanto me decidí por tí y no por el pueblo comencé a entenderte más que nunca. Yo que tanto te denosté, que mi arco tensé contra tí, que arrojé pasiones incendiarias bajo tu lecho, aquí me ves en una rendición de Breda sumisa entregándote el teclado con que te herí. No me pongas capucha ni cadenas, por favor, antes más, concédeme la amnistía del arrepentido que ni hogazas pide, que lo que pide es sed de venganza contra estos adocenados somnolientos que ni me escuchaban cuando te era infiel, cuando les advertía de lo monstruoso que eras y a duras penas entendían el mensaje. "Da mihi factum dabo tibi ius" (dame los hechos que yo te daré el Derecho). Sé que habrás entendido lo que quiero decir con la última frase. Efectivamente, soy abogado, cosa buena para tí puesto que eso significa que "ya sé leer y escribir". Son tiempo y esfuerzo que te ahorras, sobre todo teniendo en cuenta que bien peinado y afeitado aparento siete años menos de los que tengo. Y soy buen actor, de hecho un actor excepcional. Puedo hipnotizar con aspecto inocente a esta panda de subnormales que se creen pueblo soberano con las palabras mágicas, ya sabes: igualdad, libertad, solidaridad, democracia, autonomía, desarrollo y participación. Es todo lo mismo, ya lo sé, pero ponme en la reserva, por si dentro de poco hace falta decir lo mismo con una cara nueva. No me dan miedo los atriles, me dan miedo las bambalinas. Mi querido Estado, no lo digas, ya lo sé. Hace falta una prenda, algo que demuestre que soy merecedor de la alta confianza que de tí prentendo. En el saldo de tu paciencia pongo lo que te anuncié al principio, mi Alta prenda te la daré al final de esta carta, que en esa prenda, a pesar de tu sabiduría, sé que aún no has reparado. Me atrevería a decir que ni tú ni ningún Estado del orbe mundo. En tu descargo diré que si no se te ha ocurrido es porque te quedan pocas horas después de lidiar con tus sociedades participadas y con la chusma de pueblo que insiste en dar aldabonazos en hora indecorosa. Yo, lejos del paro laboral de los desposeídos, estoy en el movimiento pendular de los favorecidos. Tengo, dicho vulgarmente, todo el tiempo del mundo. Ahora entre nosotros, que llevo dos vinos. Creo no equivocarme al pensar que cualquiera que estuviera en mi lugar habría escogido tu camino. Al fin y al cabo ¿qué puedo sacar de esta horda de cerebros podridos?, ¿qué me van a dar unos desgraciados sin norte?, ¿por qué ser rebaño si puedo ser pastor?. Mi querido Estado, hay algo que debo decirte. Yo nací con algo que no está estudiado todavía, a saber: tus filtros no han tenido nunca efecto en mí. Esa es mi patología, la que siempre has temido y contra la que siempre has luchado. Efectivamente, siempre he sido un individuo, jamás he pertenecido ni a masa ni a multitud. Ahora lo recuerdo con ternura. Al principio pensé que la televisión hablaba mal de internet porque le hacía la competencia, luego pensé que hablaba mal de ella porque se cometían "ciberdelitos". Hasta que al final me di cuenta. Internet te molesta porque cualquiera puede escribir algo que de qué pensar y el receptor está solo en su habitación, un individuo aislado que no se deja llevar por vítores ni proclamas. Estás allanando el camino, buscando justificaciones poco a poco para tener un motivo por el que controlar la red. Puedes controlar al individuo-masa, pero una persona aislada piensa más y mejor. Es un badén. Te ayudaré, haré lo que me pidas. En otro orden de cosas y ahora que hablamos de esta chusma, no dejas de sorprenderme. No daba crédito y sigo sin darlo, pero las cosas son como son. Esta basura no se da cuenta de donde ha dejado las gafas aunque las lleve puestas. En mi condición de Letrado, sé que existen Masters de Urbanismo que cuestan mucho dinero y que llegan a durar dos y tres años. Sin embargo nadie se pregunta por qué un Jesús Gil o un pocero que no sabe leer ni escribir pueden llegar a poseer miles de millones. El pueblo no sabe nada de reparcelaciones ni de lápices de colores: verde para jardines, marrón para adosadas y rojo para edificios de alta ocupación. Fin del Máster. Y dicen que EE.UU. es el país de las oportunidades. Ande yo caliente y viva la picaresca. Que sigan en su ignorancia, pero ¿y el rato que echamos?. ¡Otro vino Juliana!, ¡a la cuenta de Agricultura, que pa eso viene de la uva!. Querido Estado, del color que seas, llévame contigo. Como dice el refrán "vale más la salsa que los perdigones". Estoy más cerca de tí que de ellos, drogados de canciones, de televisión, de cultura trivialera, de opiniones de barra, drogados de droga, de supervivencia, drogados de miedo y de razón de mercadillo. Quiero el Mercado, quiero la alfombra, quiero los deleites de la información privilegiada, quiero comerme el mundo. Ten piedad de mí, llevo demasiado tiempo como agente doble, con los pies metidos entre escombros y la cabeza en el podio. Mi fielato lo merece, no me defraudes, seré tu jornalero. Me has enseñado bien. Te prometí una prenda, un secreto que no conoces, que deja la fórmula de la Coca-Cola a la altura del betún. Pero voy a incumplirla. No es que no exista esa fórmula, es que me has enseñado a incumplir las promesas y esa es mi primera muestra de que merezco el placet que te pido. Tal vez te la ofrezca en otra carta. Tal vez se la ofrezca al pueblo. Todo depende... PD: Hola a todos, después de tanto tiempo. No hace falta que os diga nada. Espero que hayáis entendido el juego de manos. Las pataletas de abajo arriba son lugares ya muy visitados. Lo que pretendo, en esta entrega y en la siguiente, es poneros un espejo ante los ojos, aunque es por puro afán literario porque todos sabemos que ya es demasiado tarde para reaccionar. Es como aquel viejo que, ante el imparcial azogue, se dice a sí mismo y en voz alta: "ya no hacen los espejos como antes". Escuchando: Doble Vida (Joaquin Sabina) |
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