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Sociedad
Soy poco de ir y ver cine. Ni siquiera veo mucho de la mierda que echan por la tele. Pero ya que me cuesta mis euros la entrada, por lo menos que lo que vea valga la pena. No comprendo a esa gente que va al cine a ver películas de terror y luego se pasan media cinta tapándose los ojos o girándose y mirando para otro lado. Yo si voy es para entretenerme, pero pasándolo bien, no putas.
Cuando voy, me gusta estar zampándome el cucurucho de palomitas mediano y el refresco de cola grande, con tooooooda la tranquilidad del mundo, que me duren hasta el final. Y sobre todo, estar a gusto. Pero he descubierto que ya no puede ser así. Fui el otro día de acompañante a ver la última de Harry Potter. Había visto las otras 5 y no me había pasado nada. Y allí que me siento a verla discutiendo con los demás de cuál había sido la mejor. Y ahí que empieza y noto algo curioso. En las otras 5 películas en la sala que estuve había gente de todas las edades. Todas. Y en ésta, adolescentes y niñat@s desbordantes de hormonas me abordaban. Estaban por todos lados, estaban invadiendo la sala. Nos miraban raros. Y eso que no éramos los más viejos. Pero estábamos justo en medio. Y no estábamos a gusto. Tan pronto seguía la película me dí cuenta de lo que estaba pasando: Harry iba creciendo. Haciéndose un hombre. Lo que en mi pueblo decimos que le estaban saliendo ya los pelos del culo. Ése fue nuestro error, el motivo de mi incomodidad. Harry se había convertido en un ídolo de masas para adolescentes. Otro ídolo más, como si hubiera pocos. Olvidábamos que los niños que vieron la primera también crecían, que ya no querían ver al niño de Hogwarts haciendo encantamientos levitadores, sino al joven que quiere zumbarse a la Hermione, a la pelirroja y a la de la cinta en el pelo a la vez, y el capullo de Snape mirando como se lo montan mientras se pajea. Que ya no interesa si Harry se pelea con un perro de tres cabezas, sino si le mete la lengua hasta el fondo a la hermana del amigo y luego hacen el misionero, el perrito o yo que leches sé. Que Harry, después de todo, es una persona. Que en Hogwarts hay rolletes y eso mola. Y contra eso no hay magia que lo pueda evitar. Así que, apartir de ahora, nada de sagas, ni adaptaciones de libros, ni trilogías, ni nada. Tendré que conformarme viendo películas futuristas de gente envuelta en hierro pilotando cazas ultrahipersónicos mientras al fondo se derrumba la torre Eiffel y un alien con 3 cabezas se come vivo al presidente Obama. No me gusta este género, pero creo que ahí no me sentiré raro. Por lo menos, no si los protagonistas no aparecen en Superpop o en Nuevo Vale. |
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