Ignatius. 30/01/2009 - 00:12. Furia inclasificada
1. En 1976, el general Videla dio un golpe de estado militar y derechista en Argentina, dirigido inicialmente contra los grupos guerrilleros, que se saldó finalmente con miles de muertos y desaparecidos.

Ya durante la tercera presidencia de Perón (1973-1974), el gobierno argentino llevó a asesores soviéticos y cubanos como parte de un programa de industrialización que tenía por objetivo acabar del todo con la dependencia económica de Occidente. Los soviéticos esperaban seguir manteniendo estas buenas relaciones con Argentina tras el golpe de 1976.

Por lo tanto, el Partido Comunista Argentino no se opuso a Videla tanto como podría parecer: el partido no había sido ilegalizado (como había ocurrido con casi todo el resto de la izquierda marxista) y las relaciones del estado argentino con la URSS no se habían interrumpido. Ambas se volvían consideraciones decisivas a la hora de cualquier definición partidaria, siempre atenta a la integridad organizativa del partido y a los intereses soviéticos. Además, se veía al pronunciamiento militar como un golpe "institucional", sin características caudillísticas, lo que, en la lógica imperante, era otro rasgo "rescatable". Lo que quedaba claro, era que el gobierno de Videla como tal, no era considerado "fascista", y ni siquiera una dictadura.

2. La URSS invadió Afganistán el 24 de Diciembre de 1979, y se mantuvo allí hasta primeros de 1989. Durante ese tiempo de lucha contra los rebeldes afganos, éstos fueron ayudados por EEUU y, lo que puede parecer más raro por la China comunista. El gobierno en EEUU de Carter decretó un embargo de cereales a la URSS, pero éste no fue secundado por Argentina, ya que al mismo tiempo Carter condenaba la violación de los derechos humanos en Argentina por la dictadura de Videla.

Según una nota del diario La Nación del 8/1/80 dice: "Las relaciones entre Argentina y EE.UU. son bajas después de las críticas de EE.UU. con respecto a los derechos humanos por el gobierno Argentino. En cuanto a economía, la URSS es uno de los principales mercados para la producción Argentina."

3. En consecuencia, la URSS y Cuba colaboraron para mantener la dictadura militar de Videla en Argentina, y sobre todo para protegerla de investigaciones y condenas de la ONU.

La esquizofrenia llevaba a que el Partido Comunista Argentino defendiera a Videla mientras sus militantes eran detenidos, torturados y desaparecidos, al mismo tiempo que la URSS y Cuba apoyaban internacionalmente a un régimen que se había declarado desde el principio anticomunista.

Hay que recordar que cuando la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas reunida en Ginebra propició una condena a la dictadura militar, incluyendo el tema de los desaparecidos, fueron dos países, Rusia y Cuba, quienes se opusieron terminantemente a esta declaración y finalmente votaron en contra de ella juntamente con, obviamente, la delegación argentina.

Esta relación idílica entre la Cuba de Castro y la dictadura militar culmina en la Guerra de las Malvinas, cuando recorrió el mundo la foto del canciller argentino Costa Méndez abrazado con Fidel Castro (ver foto arriba). Al optar el gobierno de Reagan por el apoyo incondicional al de Thatcher, la URSS proporcionó información militar a Argentina, llegando Fidel Castro a proponer la creación de unas "brigadas internacionales latinoamericanas" para luchar junto al ejército argentino frente al imperialismo británico.

No menos esquizofrénica era la postura de los generales argentinos. Uno de ellos, ya viejo, resumió sus dudas: "Qué complicado se ha vuelto el mundo, la política, todo. En el plano económico comerciamos con el Kremlin y hasta rechazamos un boicot cerealero pedido por Estados Unidos, nuestro aliado natural, que dicho sea de paso, nos castiga y no entiende nuestros problemas. Pero en el plano ideológico, sabemos perfectamente que ese mismo Kremlin es el gran exportador de guerrilla hacia todo el mundo y que incluso una buena parte de la guerra que enfrentamos los Argentinos, salió de los arsenales soviéticos. Es posible que lo ideológico y lo económico sean cosas muy distintas, pero a mí me cuesta separarlos, que le voy a hacer..."