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Furia inclasificada
PreData: Si hablo de marcas de leche no estoy hablando de vacas.
Los hermanos Coen le han dicho a Bardem que Estados Unidos no es país para viejos. A este lado del mundo, hace ya mucho tiempo que España no es país para jóvenes. Esos viejos, calvos y gordos que se han pasado la vida diciéndonos que más experiencia, pero que menos edad, que menos salario, pero que más horas de trabajo, que más dedicación, pero que menos comisiones, que más proactividad y menos cigarrito, se están poniendo nerviosos. Este país tiene una cohorte de españoles apátridas a los que nunca se les hizo caso. Y yo soy uno, y estoy decepcionado. Pero pienso disfrutar del espectáculo. Gente con experiencia, con dedicación y con dinero montaron sucursales bancarias junto a las panaderías, a las librerías y a las gasolinerías. Junto a los kioscos y a los videoclubs y junto a los restaurantes. Junto a los concesionarios y a las boutiques y a las tiendas de decoración. El fenómeno de la concentración empresarial permitió que en poco tiempo unas cuantas empresas matrices comenzaran a gestar un monstruo que se hizo cada vez más grande y más insaciable. Cada vez eran más las sucursales bancarias que compartían acera con los pequeños y medianos negocios. Y una vez montado este circo financiero, no pasó mucho tiempo en que comenzaran a crecerle los enanos: las inmobiliarias. Uno amasaba el pastel y el otro lo metía al horno durante 40 años al 5% de interés. Y dale más calorcito Manué, que mi niño quiere un Audi. Entre los dos se lo comían. Pero érase que se era que llegó un momento en que la gente del pueblo que antes salía cada mañana a comprar en todas las tiendas de la acera, empezó a dejar de visitar el videoclub porque su hipoteca gastaba mucho en pañales y porque el cine online sale más gratis que barato. Luego dejó de visitar la tienda de muebles porque no era imprescindible una mesilla nueva -siempre nos quedará ikea- y así le compraban el triciclo a su hipoteca. Después el restaurante... al McDonalds el domingo. Por favor y gracias. Además los restaurantes solo se lo pueden permitir las hipotecas no fumadoras. Mientras tanto el Gobierno -todos los gobiernos-, que podía declarar guerras, aplicar la inyección letal a las personas, buscar a un pelúo en desiertos muy remotos y en montañas muy lejanas o meter un misil en la calle Guasa 4º dcha - buenos días nos dé Dios señá Engracia ¡¡¡$&"#PUM#"&$!!! - se encogía de hombres y de hombros para mitigar el mayor problema que tenían los ciudadanos en su vida diaria, la maldita hipoteca. No hace falta que recuerde que un Gobierno se compone de personas con una sólida experiencia y una contrastada trayectoria, no jóvenes como yo, de esos que mendigamos para conseguir un trabajillo mal pagado y sin futuro. No, son personas con las corbatas muy largas y los tacones muy altos. Y llegó un momento en que en el barrio el videoclub, la tintorería y la clínica veterinaria se conviertieron en sucursales bancarias. Casi toda la acera estaba ya invadida. Demasiadas pulgas para tan poco perro, porque una persona que ganaba 900 euros al mes se dejaba 500 en la hipoteca, 100 en el coche y 200 en comer. Con los 100 que le sobraban no podía mantener al resto de los negocios. Todo se lo llevaba el banco, que era sólo una de las tiendas de la acera. Y llegó a tal nivel la situación que un día los bancos se dieron cuenta de que eran dueños de millones de pisos y de millones de promesas de pago. Pero ya era tarde porque se había caído en el subdesarrollo sostenible. Y si un ciudadano no tiene dinero significa que un ciudadano no tiene dinero. Y los créditos hipotecarios son como las órdenes de protección de las maltratadas: un papel. ¿Quién le pone ese cascabel al gato?. ¿Quién ejecuta millones de hipotecas de la noche al día?. ¿Cuántos jueces hacen falta para poner esas sentencias?. ¿Cuántos policías para ejecutar los desalojos?. ¿Cuántos soldados para echar a esos polícias también hipotecados?. El anatocismo a lo matroshka de los bancos junto a la globalización de helio y al tancredismo político han hecho que durante estos días les salga urticaria a esos Don Pantuflos que se pavoneaban de tener y de tener. Muchos dirán "pues vosotros también os vais a joder". Pobrecitos. No saben que nos han acostumbrado toda la vida a estar jodidos. A nosotros ya nos ha hecho callo. Es normal que se pongan nerviosos y que pataleen. Y yo me divierto, por una vez, de ver cómo esos godzillas financieros, grandes pero torpes, son tan estúpidos que se han hecho trampas jugando al solitario. Y ahora se tambalean y dudan. Y se aferran a un Deus ex machina que no vendrá. Que no vendrá al menos a salvarlos a ellos. A los expertos. Yo no, yo soy el joven sin experiencia. Y si pudiera les ayudaría pero es que no tengo dinero porque se les pasó por alto contratarme alguna vez. Nadie puede hacer nada por ellos, porque el sector financiero no es un sector productivo. Su dinero no ha creado nada, ni ha distribuído riqueza, solo les ha dado más dinero que ha creado más dinero y éste a su vez más dinero. Pero solo a ellos. Y el cuento acaba diciendo... "...Los hombres poderosos han construído un vellocino de oro solo para ellos. Un lugar enorme donde resguardarse si alguna vez acontece una amenaza seria. Un arca de Noé moderna, lujosa y sobre todo, inexpugnable. Pero héte aquí que un día se hallan todos dentro, revisando preocupados unas grietas que han salido en el interior de su fortaleza. Van de un lado para otro, discutiendo cómo solucionar el problema, cuando de repente entra un hombre y cierra la puerta. Rápidamente le han gritado ¡No, no cierres!. Sin darse cuenta han entrado todos y aún no es posible abrir desde el interior. Algunos comienzan a gritar y a dar golpes para que las personas que hay cerca les abran, pero nadie tiene la llave y el lugar está preparado para impedir cualquier intromisión. De modo que la preocupación inicial se va convirtiendo en impotencia y ésta en desinterés. Hasta que al final todos vuelven a sus casas, que son, paradójicamente, propiedad de los que han quedado atrapados. Yo soy testigo de todo. Incluso sigo aquí, más tiempo que nadie, escuchando a aquellos que han sido engullidos por su propio dios. Y no pienso hacer nada para salvarlos. Ellos tienen todo el dinero, así que técnicamente ahora mismo no hay ningún pobre en el mundo. Muerto el perro se acabó la rabia. De repente soy consciente de ello y el cigomático casi me llega al temporal. Ya no hace falta quemar banderas, blandir consignas ni gritar proclamas. Simplemente me quedaré aquí sentado, donde siempre me tuvieron, como un sapo ante un sudoku, y esperaré a que acaben los últimos gritos de agonía, a que se vayan apagando los últimos quejidos, a que se vayan sofocando los últimos estertores de angustia y desesperación. Me quedaré sentado, donde siempre me tuvieron, hasta escuchar la percusión del último gong metálico que reverbere en el interior de esa maldita deidad de pesadilla. El último arañazo. Adiós a los últimos descendientes de aquellos que inventaron ese juego de muerte llamado capitalismo. Ese juego que cambiaba batidoras por vacunas, coches por vidas humanas, cruceros por fosas comunes. Me quedaré sentado unas horas más, después de que todo rastro de vida haya acabado. Y luego me iré silbando con las manos en los bolsillos, entonando una melodía ligera que se llamará algo así como "When a d´ôr closes a window opens". Me iré, tal vez a comer algo, y luego seguiré mi camino, ya no estaré más sentado, dando pataditas a las piedras y esbozando una sonrisilla estoica mientras canto, ahora ya liberado y a voz en grito, una letra totalmente inventada: Rockin´ goodbye al homo hijo de puta..." PD: Qué largo. En fín... fín. Escuchando: "Todo cambia" (Shuarma) "Así son las cosas si así te parecen" |
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