- Furia inclasificada (3814)
- Personal (985)
- Sociedad (2230)
- Cultura (546)
- Política (707)
- Trabajo (303)
- Internet (264)
- Televisión (412)
- Medio ambiente (166)
- Avisos (73)
- Anécdotas (27)
|
Secciones
Identifícate
Frase célebre "Encuentro la televisión muy educativa. Cada vez que alguien la enciende, me retiro a otra habitación y leo un libro". [Groucho Marx]
Regalo
¿Has olvidado tu regalo? No te preocupes, aún estás a tiempo.
¡Qué ilusión! Activos
Actualmente hay 0 miembros y 22 visitantes.
Publicidad
Nuevos miembros
Enlaces
Intercambio de enlaces. Contacta.
Aquí tienes la pastilla oficial si quieres enlazarnos.
Copia y pega el siguiente código HTML en tu web. |
Furia inclasificada
Al llegar allí mi mujer, una amiga suya y yo, aparcamos, vamos a casa de los amigos, nos empelotamos y salimos a dar una vuelta, observando a los miembros (y miembras) de la tribu. Hay detalles interesantes, como las toallitas que ponen ellas en los sillines de las bicis, o que los pasillos del súper son de la anchura normal, pero parece que ahora no caben dos personas, porque de repente necesito un metro de espacio libre a mi alrededor, pero por lo demás todo normal, te aclimatas rápido. Bajamos con el coche a la playa, para descargar allí el material de buceo, nos vestimos el neopreno, preparamos el equipo y entonces comienzan los problemas. Mi mujer, mirándome fijamente, me dice: “Mira, aquí dejo las llaves del coche”, mientras las coloca cuidadosamente en un ladito del maletero y luego lo cierra. Inmediatamente nos damos cuenta que no podremos abrir el coche. Nos miramos, y decimos: “Bueno, a bucear, y luego lo solucionaremos”. Lo normal hubiera sido dejar las llaves en el vestuario, pero esa palabra aquí no existe, claro. El medio de transporte hasta el lugar de buceo es una zodiac tan grande como una mesa camilla, donde tenemos que ir ocho personas. No hay muelle, o sea que hay que subir desde la playa. Después de tres intentos consigo subir la botella y trepar al interior de la zodiac, no sin agotarme en el proceso. Y comienza la singladura. El motor de 9 caballos apenas nos mueve, y tardamos sus buenos 45 minutos en llegar al lugar de fondeo, donde ya hay otros barcos. Por el camino, da tiempo de pensar en distintos métodos de apertura del coche. Confío en que en la tribu haya un chamán experimentado en el tema. Por fin, llegamos, y al agua. Hemos fondeado en un bajo, el día está luminoso, la mar calmada, no hay corrientes, voy de pareja de buceo con mi mujer, todo parece prometer una buena inmersión. Al tirarme al agua descubro que se ha metido una piedrecita de la playa en el regulador y que pierde aire. Sin embargo, mi mujer lo arregla al instante. Bajamos como a 20 metros, pero por muchas vueltas que damos bajo el agua, no vemos más que algún pececito ridículo, piedras y algas. Se me termina el aire, tenemos que salir a la superficie, y descubrimos que nos hemos equivocado de bajo y estamos como a un kilómetro de la zodiac, que apenas se distingue a lo lejos. Comenzamos a nadar por la superficie, y poco a poco me voy cabreando, a la vez que me agoto nadando. Me imagino la maniobra de subida a la zodiac, sin escalera, trepando penosamente con todo el equipo por la pared curvada y resbaladiza, y cada vez respiro peor. Decido echarle morro, y al pasar al lado de un barco tipo Fisher, con un aspecto estupendo, les pido que me dejen subir, que estoy agotado, que no puedo más. Me pongo las gafas en la frente y braceo un poco para que me crean y acceden. El barco está de puta madre, y decido que no me muevo de allí. Nadie me echa al agua, y así, de polizón agotado, sentado alegre en la proa, vuelvo a la playa. Al llegar, la amiga de mi mujer (que había ido en otro barco, no en la zodiac maldita) dice: “qué inmersión más cojonuda, estaba lleno de vida”. Maldigo mi suerte, por haberme pasado 40 minutos mirando algas y piedras. Después de quitarnos el neopreno, vamos a ver el coche. La tribu de los neandertales se reúne a nuestro alrededor, y comienzan a sugerir posibilidades, a cuál más inapropiada: “¿Rompo el cristal con esta piedra?” - No, tenemos que volver, y aún así no accedes al maletero-. Uno de los aborígenes aparece con una barra de hierro para apalancar una puerta. Le hacemos desistir. Se intenta apalancar una ventanilla. El coche no cede ni un milímetro. Otro hombre primitivo con barba como único atuendo, intenta abrir el coche como en las películas, con una barra fina por la puerta, al ras de la ventanilla, a ver si se mueve el pestillo. Sucesivos cromagnones lo intentan, incluido yo, pero nadie acierta a abrirlo. De pronto, se nos ocurre la idea: “Mis padres están en Alicante. Les llamamos y que nos traigan una llave de repuesto que tenemos allí”. Nuestro amigo dice: “muy bien, pero, ¿van a venir aquí?”. De repente recordamos nuestro aspecto, dudamos de su comprensión de las bondades del nudismo, después de sus comentarios previos, deseando que hubiera un nido de avispas, y decidimos quedar con ellos en un centro comercial a la entrada de Cartagena. Nos vamos a comer, yo descubro que me estoy quemando la espalda, y, digan lo que digan, me pongo la camiseta que quedó fuera del maletero. Los camareros se cubren pudorosamente con la bandeja. Después de comer, nos prestan un coche para ir al centro comercial, calzados con los escarpines de buceo, una camiseta y nada debajo, dejando huellas húmedas por los pasillos; lástima no haber conseguido la cinta de las cámaras de seguridad. Recogemos las llaves, los abuelos deciden quedarse dando una vuelta por el centro comercial, y volvemos a por el coche. Mi mujer se apunta a otra inmersión por la tarde, pero yo con la de la mañana ya he tenido bastante. Divido mi tiempo entre una siesta y un rato en la playa, donde el jefe de la tribu está intentando razonar con unos chicos marroquíes que se han colado (vestidos) para ver el ganado, y, por lo que puedo entender, le han intentado meter mano a una gachí tipo sirena que tomaba el sol. No me meto en la discusión y aparece mi mujer, que ha estado en la Cueva de la Virgen, de la que viene diciendo maravillas. Esta vez ha ido en barco, con un grupo reducido, y todo estupendo. Después de una cena con charla incluida termina el día de buceo. El coche, y vuelta a Alicante. La verdad que se te quitan las ganas de gastarte las pelas en esto del buceo. Sobre todo en el Mediterráneo, donde el agua está bastante fría a 20 metros de profundidad, y cada vez hay menos vida. Y en cuanto al nudismo, hay dos pegas: te pones como un cangrejo, y no tienes bolsillos para llevar nada. |
Publicidad
Búsqueda de contenido
Lo más visitado
Desde el comienzo: Últimas visitas: Histórico
IBSN
0-030-92003-0
|