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Frase célebre "¡Cuánto más graves son las consecuencias de la ira que sus causas!". [Marco Aurelio]
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Sociedad | Cultura
He vuelto. El maestrillo ha vuelto. Y cargado de una gran dosis de furia pero sobre todo, y como siempre, de impotencia.
Mi centro de trabajo ha vuelto ha convertirse en una ciudad sin ley ni orden; en realidad, nunca ha dejado de serlo; y en especial la famosa clase de sexto curso, a la que hace meses dediqué mi primera y muy extensa bitácora (véase "Maestros impotentes"). Erigiéndose como líder indiscutible de toda la Primaria y parte de Secundaria, un alumno de sexto, repetidor, con menos vergüenza que la alcaldía de Marbella y menos respeto que un puñado de canis borrachos, atemoriza a maestros y alumnos allá donde se encuentre. Fuma, bebe, sale de botellona, se recoge cuando ya clarea (seguro que también folla, ya que tiene una novia algo ligerita de cascos)... con estas señas de identidad, os podéis imaginar de qué tipo de elemento os estoy hablando: sí, señores, un niño de 13 años, no es más que eso, un niño prematuramente desarrollado con unos padres que no han sabido pararle los pies a tiempo. Un niño de más de metro setenta y cinco que contesta y se burla de maestros y que se ha hecho rodear de un séquito de pelotilleros, atraídos y guiados por su idealizado y falso líder como una mierda atrae a las moscas. La clase de música que los lunes tengo en ese curso me suele quitar el sueño la noche anterior. Pero ese día, me encontraba más intranquilo que de costumbre. Habían pasado tres semanas sin entrar en ese cocedero de delincuentes, entre la Semana Santa, el lunes de Pascua y no recuerdo qué motivo más. Su actitud nada más verme fue tremendamente chulesca: delante mía, con los dos pies encima de la mesa y hablándome con absoluto desprecio. Entre intentos de impartir (si se puede decir así) mi clase, este sujeto (por no llamarle "hijo de la gran puta" que queda muy mal viniendo de un docente), se dedicaba a hablar a voces con sus compinches, cuando éstos no se encontraban alrededor de él adulándole y riéndole las burlas que hacia mi persona hacía). A la advertencia de apertura de un parte disciplinario, me contestó con extrema violencia: "Tú procura que no llegue un parte a mi casa porque como llegue... tu coche, ya verás". A lo que los compinches y él comienzan a reírse y a burlarse de un antaño incidente en el que mi coche ya fue rayado, no sé aún por quién, pero me lo puedo imaginar. Con aparente calma (por los cojones, la sangre me hervía), le contesto que si le hace algo a mi coche, me iré derechito al cuartel de la Guardia Civil a denunciarle, y el chavalín vuelve a atacar con violenta verborrea: "Po corre y ve, que allí enfrente lo tienes. Entra por la puerta y dices ¡Eh, Sargento!". Me dirijo al Jefe de Estudios, le cuento lo sucedido y le digo que no me atrevo a ponerle un parte disciplinario por miedo a lo que le pueda suceder a mi joven y fermoso vehículo. Pero al final, me autoconvenzo, víctima más del miedo a perder este asalto y mi dignidad y le pongo un parte, a él y a dos de sus esbirros. Ninguno de los padres de estos sujetos han venido a hablar conmigo por lo sucedido, pese a que se especificaba el día y la hora en que debían hacerlo. Parece que a partir de entonces, este energúmeno está más calmadito conmigo, aunque ya os contaré cuando lo vuelva a tener en clase. No os podéis imaginar qué ansiedad, qué sensación de impotencia e ira te entra cuando no puedes hacerle nada a niñatos como éste: ni tocarle, ni insultarle, ni humillarle... nada que pueda hacer que esa impotencia que sientes se mitigue gracias a impartirle una buena dosis de su propia medicina. Esta semana pasada, mientras intentaba dormir, imaginaba mil formas de verle morir y verle caer humillado, ya que era la única manera de sentirme mejor durante breves segundos, sabiendo a continuación, que mientras estoy despierto, esto es una pesadilla constante. Sólo espero quitármelo cuanto antes de en medio y desearle mierda, mucha mierda en su vida. Disculpadme, pero lo escribo como lo siento ya que en la realidad de mi día a día no podría expresarlo como lo estoy haciendo. El 11 de Mayo haremos huelga por la convivencia escolar. Una concentración en la puerta de Delegación. Dudo que sirva de algo, pero éste es un problema que sufrimos todos los que como yo, pasamos por la clase de sexto de Primaria del colegio de un pueblo cualquiera de Andalucía. Un saludo |
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