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Furia inclasificada
Lo que voy a contar me sucedió en Jaén capital, el viernes 22 de abril del pasado año.
Antes de ir al colegio donde trabajaba por aquel entonces fui víctima de mi primer intento de robo en muchos años. La gasolinera Shell cercana al piso donde residía fue testigo mudo de la intimidación por medio de la fuerza física y las amenazas a las que fui sometido por parte de un individuo de raza gitana (de metro noventa casi y dos espaldas de anchura). El individuo en cuestión se situó frente a la puerta de mi auto y yo, confundiéndole con el dependiente, me quedé mirándole a la espera de que me preguntase "¿Cuánto le va a poner?". Cuál fue mi sorpresa cuando el gitano me dijo: "No me mires así que todos no somos iguales". Su intención era “regalarme” un bolígrafo a cambio de “la voluntad”, es decir, dos euros “o más” que me pidió. Ante mi negativa, me agarró fuertemente ¡por la oreja!, expresando su indignación y molestia con los payos por ser todos unos racistas al no fiarse de los gitanos. Aún no entiendo cómo pudo ver en mi cara de terror el rostro del desprecio típico de un racista. Y lo que fue más surrealista, todo ello mientras el dependiente de la gasolinera me preguntaba, con la cara blanca, cuánto quería ponerle al coche. Muchas gracias por su ayuda. El gitano, al ver que yo, por miedo más que otra cosa, no soltaba prenda, y por la llegada de varios vehículos, me soltó (yo intenté zafarme sin éxito en varias ocasiones) y se marchó amenazándome y blasfemando sin conseguir sus dos euros. Y yo no volví a echar gasolina en aquel establecimiento. Para los hayan vivido un robo o un intento sabrán el miedo que se pasa. El bloqueo al que te ves sometido es tremendo. No reaccionas. Ni por asomo se te pasa por la cabeza defenderte y/o agredirle para quitártelo de encima. Y eso que esto no fue un intento de robo en sí. Podríamos denominarlo "pedir con intimidación". Y nosotros somos los racistas... Menuda panda de delincuentes. |
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