Hugin. 07/08/2005 - 07:50. Sociedad
He leido esta carta recientemente en una revista de arte, tradición y cultura, una de esas revistas que no se encontrarán en los kioskos, ni se anunciarán en la TV, ni mucho menos comprarán los padres e hijos de hoy en día, es decir, de esta sociedad y de este sistema.

La carta es muy personal, llena de sentimientos, con la que en mi caso me he sentido muy identificado y esto quiere decir que me ha puesto la piel tensa, me ha emocionado y me ha hecho tener los ojos humedecidos.
Por otro lado es una profunda y sincera crítica a este mundo en que el hombre se ha convertido en un simple consumidor/votante, que en su voto cree que es libre y al consumir cree que es feliz en su incomprendida exclavitud.

He pues de agradecer al autor de esta carta todo lo que nos ha ofrecido a muchos como yo.

Gracias David R.

Estimado Miguel:

Nunca pensé que escribiría una carta a una persona fallecida, aunque espero que de una manera u otra pueda leerla. Quizás le extrañe que le escriba, Vd. ha fallecido siendo ya anciano y era el padre de mi mejor amigo, pero quizá sin Vd. saberlo, represnetó mucho para mí, fue una de las personas de las que más aprendí. Le extrañará que le diga esto pues Vd. era una persona muy humilde, sencilla, trabajadora; un agricultor, un hombre de la tierra, del terruño, o del terreno como tantos y tantos, y precisamente por todo esto, Miguel, yo le apreciaba; y fue todo esto y más lo que aprendí de Vd. No pasará a la historia, y de aquí a un par de generaciones ya nadie sabrá quien era Vd. quizás la única manera de inmortalizarse un poco sea esta carta, si el director de ... tiene a bien publicarla.

Yo era un niño de 14 años que se vino de una gran capital a un pueblecito pequeño de la sierra valenciana. Crecí rodeado de las comodidades de un niño de ciudad de aquela época: tv, teléfono, ascesor, nevera, lavadora, agua caliente en el grigo, y en navidades los reyes me traían un excalectric y un mádelman. Usted, Miguel, cuando tenía mi edad y menos aún, andaba con albarcas llevando el ganado por esos montes de Dios. Así que imagínese lo que representó para mí, el constraste tan fuerte con lo que había conocido hasta ahora y lo que pude aprender de usted de lo que ví y de lo que contaba.

Siempre recordaré las noches de invierno al lado del fuego en su casa. Su mujer, Rafaela, hacía patatas a lo pobre, patatas revieltas con huevo en la lumbre y me admiraba de ver cómo rompía los huevos con una sola mano. Después de cenar atizaba el fuego y nos sentábamos frente a él; su mujer, que pronto se quedaba dormida en la silla, su Florens (mi mejor amigo), usted y yo. Nos bebíamos un poco de mistela casera hecha por usted, se sacaba un celtas, le prendía fuego con un ascua y empezaba a contar historias de cuando iba con el ganado, de los tiempos de la guerra, de las cuevas que conocía en el monte, de cuando iba a Francia a la vendimia, o me explicaba cómo tenía que sembrar las hortalizas en la huerta que me había quedado, el puntalico. Otras noches desgranaba maíz para las gallinas o hacía plaita de esparto, mientras la comida del chino (cerdo) hervía en el caldero, en la lumbre encima de las estebles.

Usted, Miguel, me enseñó a valorar lo más humilde, lo más sencillo, hasta las cuerdas se las hacía usted mismo con esparto y se remendaba las albarcas. De usted apredí que se puede vivir con muy poco. Cuántas noches había dormido en las cuevas del monte con una manta junto al ganado. Sabía valorar un plato de comida caliente en un fuego en la noche. Usted, lo poco que tenía, lo compartía. Recuerdo su bodega llena de productos de la huerta, de la matanza y de botes de conserva; a veces, cogía un bote de pera o melocotón en conserva y lo abría y lo vaciaba en una fuente, me daba un tenedor y me decía: "come, come, que mientras haya comeremos, y cuando no haya..." ¿Quién valora hoy tener un bote de conserva en casa? Como usted decía: "Teniendo patatas, aceite y leña para pasar el invierno ya puede nevar". Y es que teniendo esás tres cosas básicas en casa usted ya estaba tranquilo.

Y llegó el día que me fui a trabajar a Barcelona con 18 años. Aún recuerdo sus palabras como si me las estuviera diciendo ahora: "¿Sabes lo que te va a pasar a tí ahora? ¿lo sabes?... Por la mañana Riiiing, riiiiiing, hala, carril. Saldrás de casa corriendo y llegarás por la noche, te tomarás una cerveza en casa, y eso si te la tomas, y hala, a dormir. Al día siguiente...Riiing, riiing, hala carril. Otra vez y así cada día. En cambio tú aquí en el pueblo te vas con mi Florens al monte, os vais a escalar, a ver cuevas, te vas a la huerta, a hacer jornales al campo..."

Sí, Miguel, tenía usted razón. Usted nació, vivió y murió pobre, sí, pero libre. Fue un hombre libre y aún sin haber leido prácticamente nunca ningún libro; nadie le tenía que enseñar lo que era la vida y sabía que en la ciudad y sobre todo lo que comporta la vida moderna, es sinónimo de esclavitud. De comodidades, de riquezas materiales hay más de las que usted nunca ni imaginó. Pero muchas veces el precio es la esclavitud. Muy cómoda, muy burguesa, muy disfrazada y maquillada, pero esclavitud. Usted era un hombre libre y me enseñó el precio que hay que pagar por la libertad, pero no le escuché. Han pasado ya muchos años de aquella conversación que tuvimos al lado de la lumbre, conversación relajada, tranquila, pausada. Nunca tenía usted prisa al hablar, y entre frase y frase hacía una pausa sileciosa y se quedaba mirando a los ojos de quien le escuchaba. Han pasado muchos años ya. Me levanto a las cinco y media de la mañana y, hala, carril, salgo corriendo, eso sí, en un coche con calefacción y radiocassete, y vuelvo a mi casa de siete a ocho de la tarde.

¿Usted tuvo alguna deuda? Yo la tengo "solo" a los treinta años y se llama hipoteca. Tranquilo que no es ningún animal peligroso ni ninguna serpiente venenosa, aunque sus efectos son parecidos, tampoco es ninguna palabrota aunque sí es un insulto a la libertad humana. Es el nombre que se le pone a la esclavitud y los esclavos se llaman hipotecados. Ya se que no te van a regalar la vivienda, pero una casa que esté bien y no lo de hoy en día.

La vida vuestra era tan diferente a la actual. Un día que Florens me enseñó la antigua casa de sus abuelos, me explicó como se había vivido en el pueblo siempre y también es una de aquellas conversaciones que se me han quedado grabadas. La economía en el pueblo era prácticamente de autosuficiencia, todas las familias tenían sus casas en el pueblo y trabajaban las huertas de los alrededores más cernanos. Un poco más lejos entre las huertas y el monte estaba el secano con los bancales y paradas de oliveras y almendros, y la viña. También cada familia tenía su trozo de monte con pinos. Hoy toda la sierra está quemada como fruto del "progreso" y buena parte del monte lo ha comprado el estado. Me explicaba su hijo en esa conversación, que se trabajaba en la huerta toda la semana, de lunes a sábado inclusive, y un rato también el domingo por la mañana, después se iba a misa y por la tarde al bar a tomarse un vino o un poleo. Se vivía de manera autosuficiente. La huerta proporcionaba hortalizas, verduras, legumbres, etc. Las oliveras y almendros aceite, almendras y leña de las podas,. La viña, uva para hacer vino y después estaban los frutales: perales, melocotoneros, ciruelos, etc. Se tenían gallinas, conejos, se criaba un cerdo y de la matanza se obtenía embutido para todo el año. Y las cabras daban leche. Hasta el jabón se lo hacían ustedes mismos. Y cuando hacía falta algo de dinero (pues prácticamente el dinero no corría), os ibais a vuestros montes y cortábais pinos de corta para venderlos. O os ibais a ganar el jornal segando de sol a sol en los campos de Castilla o se hacían carboneras en el monte, como aquella familia que bajaban de la casa de la carrasca al pueblo andando, 20 kms, con un saco de carbón vegetal, él a la espalda y ella otro en la cabeza.

Era una vida dura, muy austera, de autosuficiencia pero que había funcionado durante siglos. No había el egoísmo de hoy en día. Os ayudábais entre los vecinos, quizás por necesidad, porque os necesitabais los unos a los otros; hoy no necesitamos de nadie; cada uno y una tiene su trabajo, su piso, su tele y su coche. Ahora somos independientes, liberados, emancipados y no sé cuántas estupideces más. Dejábais las puertas de las casas abiertas con las llaves puestas y no pasaba nunca nada. Sonreiais y bailabais alegres en las fiestas del pueblo. Pero sé que era una vida dura, usted una vez con 15 años ayudó a una mujer que acababa de parir ella sola en una casica del monte, sin su marido ni nadie, usted mismo tuvo que cortar el cordón umbilical y coserlo, por eso tampoco hay que idealizar en exceso los tiempos de antes, pues sé que ni en ningún sitio, ni en ninguna época se han atado los perros con longanizas.

Pero los tiempos, Miguel, han cambiado hoy. En mi mundo necesitamos el dinero para todo. Para la hipoteca, para el coche, para el montón de seguros, para el movil, para calefacción, para el gestor, para las vacaciones, para las comisiones de los bancos, ¡ah! se me olvidaba, y para comer. Hasta la alimentación ha cambiado: ahora hay alimentos industriales, precocinados y ultracongelados.

Hoy la sierra está quemada, las casicas del monte donde se refugiaba cuando iban a sembrar el cereal o a cortar los pinos, están abandonadas y caídas, aún se distinguen las eras y aún hay algunos rulos de piedra abandonados en ellas. Las huertas están perdidas, las pocas que se ven trabajadas son de jubilados y muchas casas del pueblo en invierno están cerradas.

Una cosa que aprendí bien aprendida, fue el saber que en el pueblo, cuando la guerra, nadie pasó hambre, pues todas las familias eran pequeños propietarios; no así en el pueblo de al lado, cinco veces más grande y capital de comraca. Allí las tierras eran propiedad sólo de unas pocas familias y allí sí que se pasó hambre, curioso en una distancia de sólo 6Km. Qué lección tan sabia y básica de economía y de ideología político-social. Para el buen funcionamiento de un pueblo, comarca, región o nación, es básico e imprescindible la propiedad privada pequeña y familiar. Tanto las grandes superficies terratenientes, del comercio y multinacionales, como por otro lado las colectivizaciones estatales, sólo benefician a unos pocos en detrimento de la mayoría.

Usted Miguel cierra una época que ya no volverá, una época de hombres sólidos, firmes. Incluso en el lenguaje ha cambiado. Eran usuales palabras como barcilla, celemín, cerijo, estebles, parba, zuro, capazo, cequia, albarcas, machos y labranzas... Matrimonio, autoridad, propiedad, servicio militar. Nosotros hablamos de internet, fax, movil, hipoteca, canales digitales, mensajes sms, tarjetas de crédito...Ongs, igualdad, tolerancia, gays, solidaridad, parejas de hecho y alguna de desecho. Para que vea que su mundo no tiene ya nada que ver con éste y que usted cierra verdaderamente una época. Ahora dos hombres y dos mujeres se pueden casar. Sí, sí. Ser matrimonio y tener hijos adoptados, formar una familia "igual", como usted hizo con su Rafaela. Bueno, igual, no, porque la familia que usted formó ya queda anticuada y "pasada de moda", y menos aún tener 4 hijos como tuvieron ustedes: su Rafa (Rafaela), Viciente, Adela y Florens. Sí, ya sé que no me entiende, da igual, y estese tranquilo, que de lo que viene de ahora en adelante, no se va a perder nada interesante. Quédese con su mundo de hombres libres y campesinos, donde las cosas eran como eran, porque toda la vida había sido así, y punto, se acabó.
También se puede ser un Miguel
Whoamyomismo. 23/09/2010 - 05:28.
en la ciudad, de hecho haylos, pero es mas complicado pues necesita de un esfuerzo mental del que el bueno de Miguel carecía, el sólo debía dejarse llevar por la corriente, en la ciudad hay que nadar contra ella y a los Migueles rurales les era imposible tanto esfuerzo emocional, es mucho mas sencillo matarse a trabajar y olvidarse de lo realmente existencial.









Los muertos se corrompen en la tumba mientras se momifican en la memoria.
 
Típico de pueblo
hacendado del verbo. 24/09/2010 - 06:31.
vida sana hasta la sana muerte. Al final casi que da igual. Las cabras aburren.

Tener todas las ventajas es tener todos sus inconvenientes
 
Claro,
Whoamyomismo. 24/09/2010 - 06:40.
por eso las tiraban desde el campanario.


El amor es cómo un virus, si lo pillas, enfermas, el amor no es cómo un virus, si no lo pillas, estás muerto.
 
Pos claro
hacendado del verbo. 24/09/2010 - 06:54.
a falta de sushi...

Tener todas las ventajas es tener todos sus inconvenientes
 
Tripas
Whoamyomismo. 24/09/2010 - 06:57.
de cabra.


El amor es cómo un virus, si lo pillas, enfermas, el amor no es cómo un virus, si no lo pillas, estás muerto.
 
Pero dijistes 9 o 29 ???
zxcvbnm. 09/12/2010 - 17:47.
paco, paco, paco...

joer! que wenas están las niñatas del GH
Yo soy un amante de la vida urbanita
viajando. 09/12/2010 - 14:29.
Tras haber estado durmiendo en una cueva y trabajado duro, de repente el capitalismo que nos hipoteca no me pareció tan malo.
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