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Furia inclasificada | Sociedad
Ese día se levantó algo tarde porque había estado haciendo el amor con su mujer hasta las tantas. La verdad es que no tenía demasiada importancia porque era su propio jefe y en realidad los empleados deseaban que no apareciera nunca. Desayunó deprisa y sin ganas y se despidió de su esposa con un tierno beso.
Al salir del portal coincidió con la nueva vecina, que llegaba con la compra. No disimuló en absoluto la mirada directa a sus pechos ni la sonrisilla cargada de aviesas intenciones. Nunca lo hacía con las educaditas, porque le daba morbo verlas sonrojarse y escuchar en el gesto de sus caras lo que pensaban de él: que era un cerdo. En algunas veía a veces incluso un gesto de duda, apenas una chispa, una sombra de rubor cómplice. Eso sí que lo ponía a mil. "Una disponible. Lo que esta necesita se lo daba yo a plazos" - pensaba -. Se despidió de la vecinita y se volvió para mirarle el culo de forma descarada, mientras ella miraba. Ahora sí que sentía como si se hubiera bebido un litro de leche y se hubiera comido a la vaca. Al llegar a la tienda le rozó el culo a dos empleadas y una clienta, sin querer... y se metió deprisa en la oficina porque tenía que hacer unas gestiones con su secretaria. Llevaban unos dos años haciendo gestiones en todas las posturas. "Si mi mujer supiera que me la tiro. Pero la pobre no sabe ni que tengo secretaria". Una vez que se la hubo gestionado, llamó a su mujer para decirle que tenía que ir a ver a un cliente sin falta y que no podría ir a comer. "De acuerdo. Pero llámame cuando acabes porque tengo que ir al centro y de camino paso a verte". Lo cierto es que el cliente era él, de honor además, del "Damasco". Iba allí dos veces por semana a pasarle la ITV a Miranda, como él la llamaba, quien antes de ser puta fue ninfómana hasta que un día se le ocurrió ganarse la vida haciendo lo que más le gustaba. A veces te hacía un completo y no se daba ni cuenta. También era un poco corta de entendederas, por eso él a veces le decía "Chica, lo tuyo no es normal, ¡te he dicho mil veces que no me hables en pesetas!. A ver, quítate la peluca azul porque siendo tan tonta, una de dos: o eres rubia o eres morena de bote". Su mujer se vistió deprisa y tomó el 22 para ir a recoger la alfombra de la tintorería. Después se pasaría por casa de su amiga Rosaura para ir al centro. La verdad es que llevaba tres días seguidos yendo a la tintorería, como muchas otras clientas, solo para ver al chico nuevo. Le empezaron a sudar las manos cuando subió los dos escaloncitos que daban al mostrador y lo vio allí, al fondo del almacén, montado en una escalera e intentando descolgar su alfombra. Llevaba una camiseta de la empresa que le quedaba pequeña y que le marcaba los músculos de la espalda y los brazos, unos tejanos que delineaban un culo perfecto y unas botas de cowboy. "No cabe en un monedero propina pa este chulazo". Él bajó de la escalera en cuanto la vio, disculpándose. Estaba sudando, debido al esfuerzo y al calor de las planchas. Ella nerviosita. Él que lo nota. Ella puro capricho y él necesidad. Cartel en spanglish escrito a mano en medio de dos urgencias: Vuelvo en 20 minutos. Back in 20 minutes. Ella sale sin la alfombra. Habrá que limpiarla de nuevo. Se siente algo culpable, pero no mucho. Al fin y al cabo su marido se folla al putón de su secretaria. Rosaura y ella acaban de pagar la cuenta en un bar de pescaíto, 3000 pesetas. Suena el teléfono. "... de acuerdo, pues nos vemos a la cena... tortilla y flamenquines... hasta luego". Rosaura la lleva en coche y sube. Copita de Marie Brizard. Otra. Ella le cuenta el affair de esta mañana. Rosaura la mira incrédula, pero al final se convence y le dice "estás hecha una zorrita buena. Supongo que por hoy ya has tenido bastante". Pero ella que no, que necesita cuarto oscuro y un poco de jugueteo. Ella le concede cita previa y se meten en la cama. "¿De qué quieres que me disfrace hoy?...¿de inspectora de Hacienda?... buenas tardes señora, he venido a reclamarle unos impuestos que le debe usted al fisco... no, ya no me vale su dinero... porque ha pasado el plazo voluntario y los morosos pagan en carne... jajaja sí sí, estoy patética con este traje de tu marido, pero a tí te encanta, zorrita". Él llega. Ella lo está esperando con la cena preparada. Se cuentan las mismas mentiras de siempre sobre lo que han hecho durante la jornada. Leen un poco antes de dormirse. Apagan la luz. "Buenas noches", "buenas noches". A los diez minutos él dice medio adormilado "Te quiero, Miranda". Ella le contesta "Y yo a tí, cariño". PD. Me quejo de dos cosas: de la ruindad a que son capaces de llegar las personas solo por haberse acomodado y de que el sexo siga siendo un tabú tan insensato que la gente no pueda ni decirse que se gusta abiertamente, sin miedos ni pajas mentales. Siempre he odiado que el sexo sea un tabú. Y aún así lo practico... el tabú ;-) "Así son las cosas si así te parecen" |
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